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Los caminos divergentes de la investigación y la práctica médica: El cannabis

La situación de la investigación del Cannabis es cada vez más favorable, pero aún encontramos obstáculos que superar.

La investigación del cannabis tiene tres principales obstáculos. En primer lugar, los prejuicios comunes, nacidos del estereotipo mediático del consumidor abotargado y esclavo de su única y narcótica pasión; el fumeta, hablando en cristiano. Sumado a este, el desinterés general de los médicos veteranos, ya acostumbrados a una farmacología asentada en pruebas clínicas y en su propia experiencia profesional. Y, por último, la razón material inmediata: la delicada situación legal de los principios activos de la sustancia complica muchísimo el acceso a la misma en laboratorios y universidades. ¿Cómo analizar a fondo una planta a la que resulta tan difícil acceder?

Las recientes resoluciones de la Unión Europea para considerar el Cánnabis como sustancia medicinal, no obstante, hacen mucho a favor de la investigación.

Sin embargo, no son pocos los expertos que, contra viento y marea, y conscientes del potencial terapéutico de esta planta, llevan a cabo trabajos de investigación verdaderamente influyentes. No hace falta irnos muy lejos para encontrar exponentes de este campo. Veamos que tiene que decirnos Oliver Reyes de León, graduado en Farmacia por la Universidad de La Laguna, sobre el cánnabis:

La importancia de su interacción en las funciones fisiológicas básicas del organismo, le proporciona propiedades analgésicas, antitumorales, antieméticas, antiinflamatorias, antioxidantes, neuroprotectoras   y anticonvulsivantes, lo cual sitúa al cannabis como un tratamiento complementario de patologías neurodegenerativas,  metabólicas,  autoinmunes  y  tumorales.

Reyes de León, O. (2016) El uso terapéutico del Cannabis. (TFG). Universidad de La Laguna.

Por otro lado, y sin necesidad de salir de las islas, tenemos al Licenciado en Biología y Doctor en Bioquímica y Biología Molecular, Moisés García Arencibia, cuya labor incansable no acaba en la investigación, sino que también dedica sus esfuerzos a divulgar las cualidades de la planta del cánnabis. Contaba el Dr. Arencibia en Ciencia Canaria, una iniciativa de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad De La Información Del Gobierno De Canarias:

«La gente asocia los cannabinoides con la marihuana y solo piensa en los efectos psicoactivos que causa el consumo de la planta [causados principalmente por el delta 9-tetrahidrocannabinol o THC], pero la planta tiene más de 100 cannabinoides distintos y no todos son psicoactivos como el THC. Por ejemplo, existe un nuevo fármaco basado en el Cannabidiol [o CBD], un cannabinoide no psicoactivo, que ha demostrado su utilidad y seguridad para el tratamiento de determinados tipos de epilepsia infantil

https://www.cienciacanaria.es/secciones/a-fondo/957-la-gente-debe-conocer-lo-importante-que-es-la-ciencia-en-su-dia-a-dia

¿De verdad estamos dispuestos como sociedad a ignorar el abnegado trabajo de todos estos investigadores, y dejar pasar una oportunidad que no solo repercute de manera positiva en la salud de millones de ciudadanos, sino que además será capaz de llenar nuestras arcas públicas en forma de regulación impositiva?

La próxima vez que visite su farmacia de confianza, eche una ojeada a los expositores de productos promocionados. No será raro que encuentre cremas, lociones, aceites, y todo tipo de productos derivados del cánnabis. Podemos alegrarnos porque, paso a paso, la investigación se abre camino hacia la libertad a través de una industria que recoge sus frutos maduros –o, en este caso, sus flores-.

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