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La belleza que el ojo ve, el microscopio multiplica

Nuestra naturaleza canaria nos sorprende a primera vista, y , gracias al microscopio, es su potencial oculto el que nos cautiva.

ojo que ve

Para el caminante tranquilo que descubre nuestras islas no cabe otra reacción que el deleite, sea cual la esquina concreta que haya escogido para su paseo. Nuestras islas Canarias ofrecen una plétora –dejemos el mercantilista catálogo para luego- de espacios naturales tan estrechamente colocados a lo largo del territorio insular, que lo estanco, lo hermético de su condición, parece hacernos transitar por las vías de un expreso de estaciones –de tren, y del año- perfectamente aisladas las unas de las otras.

Probablemente sea nuestra flora la mejor guía, pues dice al ojo del viajero atento todo lo que necesita, sin mediar palabra. La suave retama del Teide, el destacado tajinaste, son los carteles de la estación de la Alta Montaña. El cedro, los picos de paloma, el codeso… las señas del piso del Pinar. Al toparnos con bicacareras, hiedras o bejeques, habremos de saber que nuestro expreso ha continuado su trayecto. Qué decir de ese bosque misterioso al que llamamos laurisilva, una parada solo accesible a unos pocos privilegiados vagones en el mundo. ¡Pues qué mantenimiento requieren esas vías, exigentes en su tributo de alta humedad y temperatura que con los adjetivos de moderada, estable, precisa no hacemos sino ofender!

Tan caprichosa es nuestra naturaleza, como magnánima nuestra tierra, que provee. Pero, vayamos un paso más allá. Ayudemos al ojo humano. Hagamos uso de la lupa, del microscopio, del escáner de última generación. Cataloguemos esas hojas, analicemos las raíces, descompongamos nuestro suelo hasta dar con sus últimos componentes, esos que permuten la estética de lo natural en la elegancia matemática de la tecnología. Y, ahora sí, hablemos de catálogo, con toda la legitimidad que otorga el saber preciso de las cosas. Y mirémonos a nosotros mismos con la misma precisión quirúrgica, traduzcamos ese arcano diálogo de alquimia recogida por nuestros antiguos al lenguaje claro y distinto de la química contemporánea, que valida intuiciones y destierra mitos.

Y con estos materiales, debidamente categorizados –regulados, por tanto-, hagamos uso de la fuerza del comercio, auténtica savia conductora de los hallazgos que el anciano sospecha, y la científica confirma. Nuestra tierra canaria es tierra fértil porque engendrará los frutos con los que sanar nuestro cuerpo, nuestra sociedad y nuestro bolsillo.

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